Mi sueño: obsidiana, turmalina y roca volcánica

Con la metafísica comprendí algo esencial: soñamos cuando estamos en la cama… y también cuando abrimos los ojos. De ahí la importancia de entender (y entrenar) la mente para ir creando sueños más felices, más amorosos.

Pero los sueños también son una puerta al inconsciente.

A veces aparecen como limpieza de todo lo que hemos estado pensando; otras, como mensajes premonitorios (si cabe el término), porque incluso el tiempo, bajo la comprensión de que gran parte de lo que percibimos es un sueño, es también ilusorio.

Ayer me enteré, por una noticia que veía mi esposo, de que Yeison Jiménez soñó con la forma en que falleció. Pensé también en la película Premoniciones, protagonizada por Sandra Bullock. Entonces surgieron las preguntas inevitables:

  • ¿Podemos realmente evitar que algunas cosas sucedan?
  • ¿Está toda la experiencia humana ya escrita?
  • ¿O quizá, en planos álmicos, ya hemos determinado personajes y escenarios, pero aquí, en la Tierra, escribimos el guion?

Me desperté y, como de costumbre, me quedé un momento habitando mi sueño:

Mi hija y yo asistíamos a una ceremonia con plantas ancestrales. Pasábamos por un barrio donde se vendían artículos de segunda mano y había personas en situación de calle. En el sueño pensé: “Qué pena… este lugar se parece al Bronx de Medellín”.

Llegamos a una casa que parecía un laberinto de habitaciones. Nos asignaron dos camas, una frente a la otra. Yo estaba muy atenta a no perder de vista a mi pequeña.

Después de que el chamán me pusiera rapé, fue a trabajar con mi hija, a quien solo roció un spray. Entonces vi cómo su corazón se encendió; brillaba como un diamante, con una luz hermosa y poderosa. Pero de sus pies y de su cabeza salía un humo negro.

El chamán me dijo:

—¿Cómo piensas que tú, que trabajas en planos sutiles, no vas a proteger a tu hija?

—Yo no trabajo con energía, trabajo con espiritualidad. ¿De qué tendría que protegerla? Además, ella es fuerte. Jamás tuve que hacerle limpias por mal de ojo, y eso que la miraban mucho, con intensidad, por la rareza de sus ojos y su belleza completa —respondí.

Él me miró fijamente y me dijo:

—En las niñas, la fuerza suele degenerar en ira. ¿No ves cómo sale la ira que ha tenido ahí guardada?

Entonces, en el sueño recordé: que, en un oráculo de piedras en la hermosa Twelve Hummingbirds, a mi hija le salió obsidiana; que ayer, en la reunión de los vecinos, se me iba la mirada una y otra vez hacia una bella roca volcánica; las piedras que me traje del Chimborazo esta misma semana; y la turmalina que Renato, mi terapeuta, dejó en mi casa cuando me hizo la psicoterapia asistida con setas.

—¿Negras? ¿Las tres? —pregunté al chamán.

Él asintió con la cabeza.

Lo que percibe el inconsciente está fuera del tiempo y del espacio.

Ayer vi un video gracioso en el que un padre involucraba a su hijito en una broma. Pensé: ellos (los hijos) están implicados, consciente o inconscientemente, en todo lo que los padres hacemos, decimos y pensamos.

Una amiga estadounidense me obsequió un café con hongos. Yo ya había visto esa mezcla en el mercado; incluso había comprado uno con melena de león y otro con reishi. Pero cuando vi la fórmula del café que ella me dio, tenía varios hongos más. Sorprendida, le pregunté si ese café los tenía todos.

Su hijo, con ese español-inglés tan suyo, respondió:

—Sí, tiene cinco hongos medicinales.

¡Amé ese instante!

A mi hermana le obsequié unas sales de baño. El día que decidió usarlas, mi hija estaba con ella.

—Mija, ¿sabes cómo se hace este baño que me dio tu ma?

—Sí —respondió, y se lo explicó.

Luego aclaró, riéndose:

—No, es broma… no sé cómo se hace.

Mi hermana me escribió después, y cuando le di las indicaciones, eran exactamente las mismas que mi hija había dicho. Su percepción inconsciente lo sabía, al pie de la letra.

Rituales con las piedritas negras

Así que sí: hacerle una manilla o un collar con esas tres gemas negras quizá potencie el campo electromagnético de mi Dami. Elijo hacerlo desde la paz, sabiendo que el cielo (espiritualidad, meditación, entrenamiento mental) no tiene por qué oponerse a la tierra (energía, gemas, plantas).

Obsidiana, turmalina negra y piedra volcánica forman una tríada de sostén profundo.
La obsidiana revela lo que ha sido reprimido; la turmalina protege y contiene el campo; la piedra volcánica ancla todo al cuerpo y a la Tierra.

No trabajan para “elevar” la conciencia, sino para habitarla. No evitan la sombra: la sostienen con presencia.
Porque el cielo no se opone a la tierra, y la espiritualidad no excluye la materia: la encarna.

Y mientras seguimos soñando que estamos aquí (caminando, criando, respirando), estas piedras recuerdan que despertar no es irse del mundo, sino estar en él, completos. 🌑🖤

Aprovechando este portal 11-1-1, hicimos el ritualito “Raíz y fuerza” con las piedritas de mis sueño.

Y con la lunita nueva (negra) de Capricornio he tejido las manillas para mis hijos.